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A ligar se aprende ligando

Javier se encontraba frente al teléfono. Nunca antes lo había hecho. Nunca antes había superado el miedo que estaba a punto de superar: hablar con la chica que le gusta, por teléfono. La mayoría de la gente diría que en realidad no «se la estaba ligando», que, al ser su primera vez, estaba aprendiendo a ligar. ¿Aprendiendo a ligar? ¿Qué es aprender a ligar? ¿Cuándo es que se rompe la barrera entre aprender a ligar y ligar de verdad?

Javier mi hizo recordar a un concepto muy palpable en la sociedad. El concepto de la «preparación». Parece que «aprender» y «prepararse» difieren en cierta forma con el hecho de «hacerlo de verdad». Pero ¿cuándo se rompe esta barrera? ¿Cuándo empezamos a hacer las «cosas de verdad»? ¿Es cuando acabamos la secundaria? ¿Es cuando acabamos la universidad? ¿Es cuando acabamos el máster? ¿Es cuando acabamos el doctorado? ¿Cuándo? Este patrón de preparación sin fin aparente no solo está presente al momento de «aprender» a ligar, pero en el sistema educativo también. Es un completo disparate. Veamos, empezamos por lo primero: cuando un nuevo niño llega al mundo en lugar de decirle: «¡Buenos días, te damos la bienvenida a el planeta Tierra, hemos creado esta especie de sistema que ahora tiene vida propia y no sabemos qué hacer, esperamos que puedas plantear alguna idea mejor!» En lugar de decirle algo parecido, le convencemos, le hacemos creer que no es en realidad una persona, le hacemos creer que es un candidato a, quizás algún día, si hace todo lo que le decimos, convertirse en un ser humano. Es como el estudiante de «X» carrera, no se siente «digno» de hablar sobre lo que quiere hablar porque aún no ha acabado la carrera, entonces aún no es «oficial», sólo será oficial después del minuto, del microsegundo que sea admitido como egresado, entonces y sólo entonces su opinión vale, sino: ¡a la basura! «¿Quién eres tú para hablar de esos temas?».

El sistema actual crea una especie de efecto halo alrededor de lo menos importante de la educación: exámenes, superar niveles, etc. Y sí, esto tiene cierta importancia para evaluar el progreso, pero a la vez crea una forma de perversión en la percepción que el estudiante tiene acerca de la educación porque el objetivo cambia. Es decir, supongamos que vamos a estudiar Chino, y todo va bien, estamos aprendiendo Chino y el objetivo de ir a esas clases era poder hablar con otras personas en ese idioma, pero cuando obtienes un certificado, o un grado si lo que estudiaste fue una carrera, entonces eso crea otro dilema, porque ya no estás ahí por aprender Chino y además si, incluso, estuvieses aprendiendo, y por alguna razón el sistema de evaluación no es el adecuado para el tipo de inteligencia dominante que tienes y suspendes el examen, entonces ya parece que no has conseguido nada. Parece que has perdido el tiempo y lo más probable es que cualquier nivel, por muy básico que sea, que hayas conseguido, no lo valores. El sistema educativo debería estar echo para inspirar a los estudiantes y ayudarles a sobresalir en aquello que son buenos, involucrándolos desde el primer minuto en el campo en el que desean trabajar, no a tener que esperar el último año de carrera para recién tener un atisbo de lo que realmente significa trabajar en lo que has elegido, para entonces quizás sea muy tarde para cambiar de opinión.

Si parece que constantemente nos estamos preparando para ese gran momento que en realidad nunca llega y además no cumplimos con los parámetros de evaluación estándares por la razón que sea, entonces seremos los eternos alumnos que nunca tendrán la posición de expertos porque «aún les falta preparase». No te confundas, yo soy de los que apuestan por el aprendizaje continuo, pero que eso no te quite el sentirte dueño de las capacidades que tienes. Si quieres ser escritor empieza a escribir, si te interesan las bellas artes empieza a pintar, si quieres ser investigador empieza a investigar, si quieres ser periodista coge tu móvil y sal a la calle a hacer preguntas, si quieres médico has de asistente en lo que sea para un médico que conozcas o habla con él, si quieres ser actor sal a la calle a actuar como mimo, métete a fondo en el campo que te gusta, no te detengas detrás de la pantalla del «aún estoy aprendiendo», escondiéndote entre los brazos de tu instituto académico de preferencia… ¡ensúciate las manos! No hay dos procesos, sólo uno. Aprendemos haciendo. Nunca existió otra forma.


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Supongo que es así como empieza

ERES FUERTE