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Somos Jeff, Beti, Adrián, y Kevin.

SÉ MÁS VIOLENTO, MI AMIGO

¡Creedme señores míos cuando afirmo sosteniendo esta ligera pluma entre mis descarnados y cansados dedos que lo que os voy a contar a continuación es la verdad y nada más que la verdad!

 Creedme señores cuando expreso antes ustedes mis más profundos sentimientos en cuanto a las retorcidas escenas que se perpetúan, que se reproducen descontroladamente, sin freno, sin dirección, sin que se manifieste el más mínimo anhelo de inspección crítica por parte de mi inconsciente, sin oportunidad de que un atisbo de luz breve, deífica, se presente en forma de conciencia sana que consiga obstaculizar la perpetua proyección de mi tormentoso cine mental.

No matarás. No robarás. No cometerás actos impuros. ¡¿No son estas acaso las mismas prohibiciones cuya maniobra tras telones impulsa mi hacer?! ¡¿No son estos anuncios, no son estas palabras santas acaso una invitación atrevida, una mano extendida de Dios hacia la propia destrucción del hombre?! ¡¿No es acaso un simple juicio moral diseñado con el propósito de acongojar al hombre común, al hombre de calle, al simple, al bobo, al tonto?!

No es el asesinato, ni mucho menos el robo lo que suscita, lo que enciende a este pobre hombre, pero puedo entender, quizás con agudeza de águila me permitiría decir, a aquellas pobres almas humanas que así lo sienten.

¡Si tan sólo pudierais, aunque sea un momento, intentar comprender al otro en lugar de juzgar, en lugar de reaccionar, cuán maravilloso sería este mundo! ¡Oh! Pero cuánta evolución será necesaria para llegar hasta ese maravilloso lugar, a ese Nirvana en donde el sufrimiento no tenga lugar… pero comprensión ¡cuánta comprensión os falta señores míos!

¡El pensar, la imaginación, la conciencia es lo que ha impulsado la vida hasta este punto y aunque muchos de vosotros podréis dedicaros a juzgar si ha sido en realidad un éxito o no yo no dudaría ni aunque sea un brevísimo segundo en afirmar que definitivamente lo ha sido!... pero comprensión ¡cuánta comprensión os falta señores míos!

¡Hace ya mucho, muchísimo tiempo que conseguimos romper nuestros lazos maternales con la Tierra, hemos dejado de ser de ella para ser del universo, pero como todo hijo que deja de reconocer y amar a sus padres uno se siente perdido, sin lugar, desarraigado, y es por esta razón que a pesar de haber conquistado la naturaleza con no sin otra herramienta que el mismo fuego hemos llegado hasta fijar bandera en la luna! pero aún, ¡cuán perdidos aún nos sentimos!

Los eventos históricos que preceden este momento han despedazado los grilletes que ataban al hombre, lo han dejado libre, tan libre como un león que no ha hecho más que vivir su vida atrapado en una funesta prisión zoológica. El león ahora tiene el poder de hacer, de cazar, de correr, pero, ¿tiene este león acaso permiso de ser? ¿Cómo puede llegar a realizarse un hombre, que tan parecido al león aprisionado es, si nunca ha llegado a saber lo que significa ser hombre? ¡Esta es, señores, la causa de la tortura de tantos! El hombre no sabe lo que es ser hombre.

Esta es la locura, señores, esta es la demencia a la que está sometida la sociedad. El hombre no llega a poseer más sentido de sí mismo que el que puede proporcionarle la conformidad con la mayoría, que el que puede proporcionarle la absorción de música, películas, diversiones, actos sexuales, licores y cigarrillos. La frustración se puede sentir y he de decir que si el más mínimo desequilibrio de las fuerzas que contienen este festín de neuróticos, incluyéndome a mí, llegase a aflojar la tuerca, entonces, señores, entonces el caos empezaría reinar las calles. Es natural. No hace falta intentar referenciar eventos apocalípticos. Pequeños fragmentos, pequeños brotes de insania ya se han dejado ver cuando la injusticia social empuja lo suficiente al hombre como para hacerle perder su fino velo de cordura. Hasta los mismos juegos a los que se somete el hombre y a los que las masas acuden en manadas no son más que expresiones sutiles de la furia y el enojo que muchos de estos hombres, y cabe decir también mujeres, sienten. La agresión física es más aceptada que la apreciación sutil y delicada del arte. Boxeo, fútbol, baloncesto, cualquier juego que es admirado por las masas… ¡Ved vosotros lo que hay detrás! ¡Ved vosotros lo que se esconde detrás del frágil pañuelo de compañerismo! ¡Abrid los ojos y ved la intranquilidad, la insatisfacción, la angustia, la frustración, la tristeza y la desgracia! Formas vaporosas de violencia que encubren y engañan la vista de los menos sensibles.

¿Es acaso el hombre un ser violento por naturaleza? ¿Debemos resignarnos a enmascarar nuestro enojo, a encubrir nuestras ganas de sangre, nuestras ganas de violencia?

Señores, os digo que el problema no reside en ser o no violento. La apetencia por ver sangre recorriendo los alcantarillados callejeros nace de la ineptitud, de la incapacidad del hombre por sentir, por amar, por apreciar a sus compañeros, por apreciar a la vida y amar lo que perdió hace miles de años: la Tierra, la vida.

El hombre enajenado ha crecido enfermo, ha crecido violento.

Las expresiones de violencia son más verdaderas que las expresiones de artificio cordial del día a día, pero, aunque sé que lo parece, esto no es una llamada a la externalización atropellada de nuestros más oscuros tormentos; esto, más bien, es una invitación a la transmutación de nuestra violencia en acto creativo, esto es una insinuación cuyo objetivo es seduciros, involucraros en el acto de pensar que, quizás, tal apetito de destrucción existe en nosotros porque ¡es natural!... las estructuras que sostienen y amarran nuestra sofisticada construcción social fueron diseñadas para “aguantar” a modo de muro de contención el neurotismo caótico que acecha y asoma sobre la superficie de todas las psiques humanas.

Así que señores, permítanme decirles que tal apetito de violencia, de sadismo, de destrucción es una queja natural de vuestro cuerpo y de vuestro espíritu.  Es un grito que anuncia el deseo colectivo de querer cambiar este enfermo mundo y cuando ese grito se manifieste en forma de malestar, en forma de ganas de matar no os dejéis llevar por la primera forma que adopta el mismo, ¡trasmutad esa energía! ¡trasmutad ese impulso! ¡cread! Cread arte, cread ciencia, cread empresas, ¡no dejéis de crear! Porque su fuerza, su empuje, su violencia será capaz de romper paradigmas científicos, de alcanzar un nuevo estado del arte. Pero siempre recordad de donde viene ese ímpetu, de donde viene esa potencia: de la enfermedad; tened siempre en cuenta esto, tenedlo siempre presente.

En vuestra mente y en vuestro espíritu el origen de vuestras creaciones siempre ha de estar presente.  Si queréis que la enfermedad sea finalmente extinguida y vencida entonces ha de hacerse de la siguiente manera: creando.

***Texto inspirado en el libro "Psicoanálisis de la sociedad contemporánea" de Erich Fromm.


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