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Bienvenidos a Darzuka.

Somos Jeff, Beti, Adrián, y Kevin.

Supongo que es así como empieza

upongo que es así como empieza. La pantalla parece estar sucia. Suelo limpiarla todos los días. Todas las mañanas lo hago. El día parece empezar así, llenándose con quehaceres que hacen que uno se pregunte ¿para qué me he comprado un departamento? Limpio el teclado. Limpio la pantalla. Me limpio a mí mismo. Limpio mi cuerpo con una buena ducha fría en el minúsculo baño de mi viejo apartamento y por supuesto, limpio mi alma, es decir, practico meditación. Es como una rutina.

Supongo que eso es lo que tienes que hacer todas las mañanas. Es como un ritual, una purificación. Y si no lo haces ya te puedes ir asegurando un día lleno de interpretaciones surrealistas y alteradas de la realidad. O quizás eso solo me suceda a mí. La cuestión es que estaba a punto de escribir algo y me di cuenta de que había una mancha en la pantalla de mi ordenador. Eso me incomodaba. Me resultaba molesto. No igual de molesto, pero sin duda en un grado similarmente incómodo, que vacilar entre unos pensamientos y otros la idea de que alguien te pueda llegar a pagar por divertirte. Es raro. Es muy raro. Cuando te pagan por divertirte no sientes que estás trabajando, incluso te puedes llegar a sentir culpable. Parece que no estás trabajando, pero en realidad lo estás haciendo. 

En algún momento de arrebato existencial te puedes llegar a preguntar si realmente estás haciendo algo que vale la pena o si sencillamente estás perdiendo tu tiempo y haciendo a los demás, por supuesto, perder el suyo. No encontré un pañuelo con el cual limpiar la pantalla del ordenador por lo que decidí dedicarme a pensar un poco más mientras se me ocurría alguna forma de eliminar esa jodida mancha incomoda (la del ordenador). Cuando empiezas a pensar -algo que la mayoría de la gente no suele hacer- te das cuenta de que no es tan ridículo, te das cuenta de que en realidad tiene sentido. Tan solo hace falta observar la realidad de una forma un poco más objetiva -aunque esa haya sido la razón principal por la que tantos jefes hayan decidido prescindir repentinamente de mis servicios como editor- y darte cuenta de que en realidad en la vida de allá, quiero decir, en ese mundo que está afuera, afuera de tu mente, se hacen cosas mucho menos racionales de las que jamás se podrían hacer en un hipotético planeta alternativo perteneciente a un universo paralelo regido por el dictador Sir Mickey Mouse. Pero volviendo a la realidad, es decir al mundo en el que Disney es solo un parque de diversiones, es fácil percatarse de la insania, la del día a día, la socialmente aceptaba, por ejemplo, hablemos del deporte, esa máquina de entretenimiento que adormece a más población de la que jamás ningún fanático estaría dispuesto a admitir (por un miedo natural a desenmascarar las mentiras que se ha pasado toda la vida bebiendo y engullendo); todos los deportes que tengan en inglés una terminación en ball no son más que un montón de tipos compitiendo por ver quién la mete primero… La pelota, obviamente hablo de la pelota, no seáis mal pensados. Aunque si pensáis mal os daréis cuenta de que malamente también tiene sentido. Esto me hace meditar acerca de la posibilidad de que quizás realmente exista una oportunidad, un momento divino, para aquellos, o sea, los que estáis leyendo esto, cuyas ideas no han sido todavía expuestas a otro público diferente al de vuestro propio reino neuronal. Digamos que sentís que tenéis algo que decir al mundo, ¿no?, No hace falta ser un genio acerca de ello, tan sólo hace falta decir: oye, ¿sabes qué? yo pienso esto. Y ten por seguro que habrá más gente como tú. Gente que se alegrará de que por fin alguien haya echado el grito al cielo y haya tenido el valor de decir: sí, nosotros también estamos aquí y sí, nosotros también tenemos valor. Así que si aún te quedan dudas recuerda todos aquellos deportes que en inglés terminan en ball, ¿es que acaso algo puede llegar a ser más ilógico?

A medida que iba profundizando en la idea que va dando vida a esta texto me fui dando cuenta de que quizás limpiar la pantalla era algo que se podía dejar de lado. Quizás no sea tan importante, pensé. Quizás lo importante sea centrarme en las palabras, centrarme en lo que voy a escribir y no de qué o en qué forma lo voy a hacer. Quizás no es importante dejarse consumir por pensamientos del tipo: no me gusta la pantalla. Quizás mientras escriba en aquello que creo, será suficiente. Vaya, puede que incluso el ducharme sea algo que pueda dejar de hacer. Pero si hay algo que jamás podré dejar de hacer es limpiar mi alma, mi espíritu, mi corazón, porque ahí es donde yace mi razón de ser, mi razón de crear, mi confianza para decir lo que pienso, mi confianza para creer que aquello que siento es relevante, ahí es donde reside mi vaga confianza en que todo lo que hago y digo algún día tendrá sentido porque algún autor que se dedica a escribir biografías escribirá mi vida e hilará todos los eventos que han ido surgiendo en ella- y de los cuales, al final, por supuesto, yo he sido, y soy, el único autor- y todo el mundo dirá: ¡por supuesto! ¡claro! ¡claro que tenía lógica!

Ojalá fuera así de sencillo.

La realidad es que no sé si lo obtendré, no sé si conseguiré un resultado y la verdad es que no me importa. Pero hay algo que he aprendido y eso es: a navegar con mis dudas. Dudas que quizás en algún tiempo no muy lejano yo mismo juzgaba como tortura pero que ahora son mi impulso para seguir creando, para seguir creciendo. No tengo certeza de nada. La duda vive aquí conmigo, tan cerca que soy capaz de verla entre estas letras. Quizás existan dudas. Quizás hayan manchas que nos impidan hacer aquello que queremos hacer. Quizás la limpieza espiritual sea la única limpieza que no podamos dejar atrás. Pero en cuanto a todo lo demás… 

¿¡qué diablos importa!?


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