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LA MINA O (HAY LEYES QUE NO SON LAS LEYES DE LA LÓGICA) CAP. 4-10

4

Una de las características de Raymond era su manera de conectar con el mundo. Había comprendido y asimilado esta enseñanza través de la manifestación de un sueño premonitorio y difuso durante los últimos días en un fin de año. En aquel sueño; Raymond se vislumbraba dicotómicamente en un antiguo coliseo romano, con cristianos de un lado y judíos del otro. en el centro del coliseo; Raymond, permanece imperturbable, en un trampolín blanco de clavadista de 50 m. de altura; conforme el sueño avanzaba, Raymond, no es capaz de discernir si en el fondo hay agua o no, tampoco conoce las dimensiones de la fosa. En ese momento, con la mente cargada de mitote por los gritos eufóricos y contradictorios de ambos bandos: 
 
 
Cristianos: — ¡Salta!, ¡Salta! La fosa está repleta de agua. 
 
Judíos: — ¡No saltes!, ¡No saltes! Si saltas te matas, la fosa está vacía. 
 
 
Raymond se encuentra internamente confundido ante la disyuntiva que lo abruma; cierra sus ojos, silencia su mente, y deja que la conexión ocurra; un instante santo lo abraza, en la presencia de su «ser» , conectando consigo mismo. Una décima de segundo después, despierta del sueño lleno de júbilo y de Amor. Este sueño, refleja una de las interrogantes más complejas de explicar en la actualidad: ¿Qué es conectar?, ¿Cómo se produce el desarrollo de la confianza? Este fenómeno lo podemos observar en chicos con disonancia cognitiva al momento de conocer una nueva mujer, realizar una entrevista de trabajo, inscribirse a un nuevo gimnasio, o realizar un examen universitario importante; la analogía esencial es que siempre llevamos dentro de nosotros todas las respuestas; la verdad siempre está disponible, pero mientras nos detengamos a escuchar a los cristianos y judíos gritar; seremos presa fácil de la confusión y la mentira. No podremos silenciarnos; mucho menos indagar dentro de nosotros o dar el espacio de tiempo necesario para que la respuesta venga en nuestro auxilio conectándonos con el «Ser» real y disipar el sueño del miedo. A partir de este sueño liberador, Raymond, entendió la importancia de conectar con las personas a través del silencio, y la paz, y no solo hacerse amigo de las personas para obtener algo a cambio. De forma sucinta, Raymond, estudio la importancia de la energía, la sonrisa, el sentido del humor, y «DAR» a los demás.

«Recuerda que la energía que pones en tus intenciones, es la única llave maestra capaz de abrir todos los cerrojos mentales en las personas. Una energía negativa te condena, una positiva te exenta, te exculpa; te redime.»

5

Por aquel entonces había regresado al área de ventas como un modismo ortodoxo, una versión corregida y aumentada del popular libro de desarrollo personal de Dale Carnegie: «Como hacer amigos e influir en las personas» . Referencia importante, por supuesto, para diversos manipuladores y asesinos consagrados durante los años sesenta como; Charles Manson, Krishna Venta, Jim Jones, o Ted Bundy. La mayoría de ellos no sólo habían leído: «El guardián entre el centeno» de J.D. Salinger, sino que eran practicantes y devotos absolutos de Dale Carnegie, y sus famosas reglas doradas; así como la dianética, de L. Ronald. Hubbard, entre otros, para mejorar su perspicacia, agudeza mental, e inteligencia social con las personas; sin excluir el persuadir, manipular, engañar, controlar y liderar. Raymond aprendía intuitivamente muchas cosas que a la mayoría le llevaba años, y no solo eso, sino que también lo hacía de forma acelerada; en cada situación conocía las palabras correctas, el lenguaje y la tonalidad adecuada que debía utilizar. Además, utilizaba la manera de moverse y el hacer ademanes con su cuerpo como un bastión en un terrible vendaval.

La mayoría de las personas, no tienen la capacidad de notar nada del aparente mundo que los rodea, se encuentran dormidos profundamente por Maya y confundidos por sus pensamientos desbocados y volátiles; el incremento de la tecnología enajenante y adictiva, así como las redes sociales, no ayudan a la solución del conflicto, sino que refuerzan la ilusión del placer que niega la verdad. Resulta verosímil creer que una persona ordinaria no es capaz de distinguir la verdad de la falsedad en ninguna situación; darse cuenta de cuál es color real de los ojos del interlocutor con el que se dialoga, hallar la fuente del nerviosismo y ansiedad en determinada persona resulta improbable; mientras que una persona como Raymond habría notado al instante la dilatación pupilar, la fortaleza muscular, el poder del campo energético, y el cambio del sistema nervioso simpático a parasimpático que controla el ritmo respiratorio y la relajación. Todos, indicativos de verdad en el sujeto. 
 
«Tu cuerpo nunca miente.» 
 
Sin lugar a dudas, un gran número de traumatólogos, nefrólogos, psiquiatras, y médicos generales, han hablado de esto con antelación; planteamientos asombrosos y creativos respecto a la plasticidad cerebral; el lenguaje corporal; la sub comunicación, los tipos de inteligencias; cognitiva, emocional y social; así como la energía vital o Prana, en implicaciones sociales fue reveladora para todo el mundo. Raymond, asimilo todo este conocimiento durante años, y después incineró todos esos libros, al parecerle que sus bases eran endebles, y fútiles, por no venir de la verdad del corazón: 
 
«Las palabras, las ideas y el papel no cambian el mundo, es el preguntarse qué puedo hacer por el otro, escuchando mi ritmo cardiaco, cuando mi YO más alto cambia y ahí, el mundo se transforma.» 
 
Raymond recordaba constantemente los libros: «El nombre de la rosa» y «Fahrenheit 451» como alegorías fatalistas respecto a su cosmovisión de una nueva pedagogía. Afirmaba que la información de los libros debía ser superada por la sabiduría perenne interior. Al igual que el hombre, quien solo era un tránsito, o un puente para «DAR» origen a algo superior; un nuevo
tipo de criatura utópica naciente; mitad genio, santo, y sabio. Un hombre capacitado con la guía interna para conducirlo entre tinieblas y pantanos borrascosos hacia la verdad: 
 
«Todo ha sido dicho ya; en los libros no encontrareis la respuesta a los males de la humanidad; dejad de vivir la vida de filósofos y escritores. Tened el coraje de vivir vuestra propia vida como una oración.» 
 
Raymond argumentaba que la mayoría de las consideradas obras maestras para la humanidad no necesariamente poseían niveles altos de verdad, puesto que la verdad solo es una; la verdad «es». Y el lenguaje fácilmente puede torcer la realidad a través de sus juegos dualistas y pomposos de percepción. Así que un hermoso soneto poético de Shakespeare puede ser en realidad una mentira piadosa dicha con ingenuidad. 
 
«No pienses, ni percibas; sino siente y mira.

6

Dirigirse a las personas por su nombre, o sobrenombre favorito; destacar sus fortalezas y virtudes, en lugar de sus motes o debilidades; «DAR» los buenos días con el júbilo de una sonrisa y la energía amorosa de una madre; despedirse con un abrazo fraternal del colega incondicional… Esas eran muestras de afecto y cariño, del amor evidente de Raymond hacia la existencia. Sin embargo; Raymond, era muy incisivo en destacar que la gente debía interesarse en las personas como un acto puro de corazón, sin desear algo a cambio; ya que el deseo desorbitado, la avaricia mezquina, la posesión obsesiva, o el anhelo de tomar algo del otro, inexorablemente termina trastocando las verdades enseñanzas de los maestros, distorsionando el mensaje, por lo que una de las reglas doradas de Raymond, era: 
 
 
«Habla con las personas sin esperar su visto bueno; sencillamente exprésate, y ábrete al mundo sin caparazón, a través de un lugar de abundancia en tú interior; hazlo de forma transparente, honesta, y tú corazón resonará con el de la otra persona…. El papel moneda, debe ser usado por ti, sin que tú seas usado por él.» 
 
 
Cuando una persona comparte su experiencia con otro se debe a dos razones fundamentales: la primera es que dicha persona quiere trascender su dolor y agonía buscando su propia realización a través del otro — como un infante — ; estas personas intentan escapar de su propia realidad… señores hechos trizas de cincuenta, sesenta y viejos rencorosos de más de setenta años; en completa inmundicia y miseria, intentando enseñar a jóvenes, de veinte y treinta años lo que ellos jamás aprendieron; construir riqueza, aceptarse plenamente, no reaccionar al mundo, y escapar de la esclavitud del proletariado adoctrinado… esos son algunos indicativos de esta categoría. Este fenómeno displicente es habitual en personas cuya percepción torcida los orilla al sentimiento de condena y culpabilidad por no haber tomado buenas elecciones en su juventud. La creencia del tiempo «pasado», es un lazo que los ahorca lentamente. La segunda categoría por la cual la gente comparte su experiencia es más genuina y pulcra. Dotada de una transparencia inherente a su raíz; el noble honor de Siegfried y Aquiles juntos: 
«El arte de transmitir sabiduría a través de la propia vida como modelo de aprendizaje y autorrealización» . Ejemplificado por el mono-mito de Joseph Campbell y el héroe que se reviste de Prometeo, Teseo, o Hércules, sobrepasando las inclemencias cotidianas y escabrosas que logra vencer, para ser venerado e idolatrado al final. El hombre moderno se identifica con este personaje al volverse un hacedor de lo imposible; conseguir la última pieza de pan para su familia, o una escudilla repleta de agua para beber; su heroísmo ennoblece por sí mismo el amor hacia sus congéneres; su labor titánica, es finiquitar su misión más profunda de autorrealización ante el cumplimiento de un bien más alto para toda la humanidad. 
 
Esta valía se eleva por encima de todos los diamantes, rubíes, y posesiones de oro relucientes, capaces de impresionar al intelecto pobre y vulgar; no así, al sabio, o al virtuoso, que reconoce esta sabiduría, como un simple aperitivo, o un elixir vital, capaz de liberar del yugo ilusorio al hombre promedio. En este exquisito conocimiento, el hombre se trasciende a si mismo y corta los grilletes que lo ataban con el hombre ordinario para llevarlo al siguiente estadio mental; en las más altas montañas del intelecto, la razón y la creatividad; donde la creación del pintor, escultor, escritor, científico o filósofo confluyen al unísono; en estos valles pronunciados, las aves son cenzontles amorosos y coloridos que se disuelven con el espíritu humano; nulificando la vergüenza, la culpa, la apatía, la ira, el deseo y el orgullo. Demonios exorcizados y vomitados por la grandeza de la sinfonía del genio. El miedo, por su parte, es la fuente de donde brotan todos los males de la humanidad; estos energúmenos del fondo de la caja de pandora que se liberaron cuando el hijo del padre olvidó reír. Así, mirándote, y hundiéndome en tus ojos, te lo digo sólo una vez: 
 
 
«Reír, reír, y volver a sonreír, ante todo lo que pase» 
 
 
Hoy más que nunca, el himno inmemorial es de alabanza, alegría, justicia poética, y renacimiento: Sapere Aude (atrévete a saber).

7

Cuando Raymond entró por primera vez en aquella tienda de ropa nada parecía encajar. No había un sentido claro de por qué este personaje evocaba múltiples tradiciones en sus movimientos y comportamientos. Por momentos un dandy riguroso de la Francia de Baudelaire, por instantes un satírico y mordaz Giovanni Papini, de la Florencia antigua. Paralelismos de un hombre que a pesar de vestir con los simbolismos de la moda actual, elegía estar en el mundo, pero no ser del mundo. Raymond, quería comprar un traje sofisticado, lo que resulta sospechoso y poco congruente, pues él no necesitaba ninguna vestimenta especial, o indumentaria políticamente correcta, para adaptarse a la sociedad actual, o ser aceptado por algún grupo glamuroso de élite. Inclusive, las jerarquías más altas, se verían sorprendidas por aquel controvertido personaje. Raymond, a sus 33 años, es un híbrido entre un zar ruso y un Papa romano.

8

Permeado por la rigidez paterna de su abuelo judío Jeremiah; Raymond era tabula rasa para los interminables relatos vivenciales sobre el holocausto nazi con implicaciones traumáticas antisemitas. Jeremiah escapó muy joven de Alemania gracias a documentación falsa expedida por un padre luterano amigo de la familia bautizado bajo el dogma cristiano. Sin embargo, su mente gozaba con la culpa y la auto condena por familiares y amigos que perecieron en el genocidio. 
 
 
JEREMIAH

Ray, siempre te estás quejando de tus maestros en la escuela. Ellos son rigurosos y estrictos para que puedas ser un hombre de provecho. ¿Acaso quieres ser un vago como todo el proletariado precario o los vagabundos limosneando un par de monedas en el subterráneo? Cuando vivía en Alemania, en un pueblito cerca de Frankfurt, experimente el ascenso de los peores asesinos y genocidas de toda la historia en la humanidad; el sistema pedagógico del Reich, instaurando por las esferas más altas del Nacional Socialismo, encabezado por el filósofo Heidegger, contemplaba la matrícula básica para los niños; biología, matemáticas avanzadas, y por supuesto filosofía, teología y música. En la actualidad es imposible ver una escuela donde se hable profundamente de estos temas sin implicaciones políticas. Cerca de la escuela a la que asistía se establecieron ulteriormente algunos campos de concentración, ahí usaban la asfixia, el gas venenoso, las armas químicas, los ahorcamientos, el trabajo forzado, el hambre, la tortura médica, la experimentación como si fuéramos chanchos perros (cerdos), las patadas y golpes para educar a los recién ingresados era algo habitual, y cuando me refiero a educación; me refiero en realidad, a dominación. 
 
RAYMOND

Abuelo, ¡pero eso fue en los campos de concentración!, tú me has contado que escapaste en un tren enorme que casi fue asaltado por unos polacos hambrientos antes de que pasara todo eso… 
 
JEREMIAH

(frunciendo el ceño y molesto)

Ray… eres como ese actor del Porsche, «Pequeño bastardo» , James Dean, un rebelde sin causa de diez años… Siempre estás buscando la confrontación. 
 
RAYMOND

Pero tú me has dicho que debo pensar por mí mismo, ¿no? 
 
JEREMIAH

Así es, pero manteniendo matices, Ray. 
 
 
RAYMOND

¡No entiendo nada!, mi padre me dejaría hacer lo que quisiera, abuelo. 
 
JEREMIAH

Tu padre ni siquiera es judío, sólo tuvo una aventura amorosa con tu madre a mis espaldas; él te abandonó y tu mamá es incapaz de cuidarte por la medicación que toma.

RAYMOND
¿Qué le pasa a mamá, abuelo? 
 
JEREMIAH

¡Bueno, Ray!.. De pequeña sufría ataques epilépticos; caía inconsciente al suelo, y comenzaba a convulsionarse, expulsando espuma de la boca, después le diagnosticaron principios de esquizofrenia paranoide. 
 
RAYMOND

Debe haber alguna medicina, para curarla. 
 
JEREMIAH
Eso espero hijo, eso esperamos todos. 
 
RAYMOND
Mi padre seguro que regresara por mí. 
 
JEREMIAH

Le repetí miles veces que no se no se casara con ese tipo ya que solo traería problemas a nuestra familia. ¿Sabías que tu padre se hizo pasar por judío para poder estar con tu madre? — A parte tenía una sangre muy pesada. 
 
RAYMOND

Sí, mi mamá me contó toda esa historia abuelo, también me dijo que tú la corriste de la casa, después de que se embarazó. 
 
JEREMIAH

(enojado)

No tienes la más remota idea de lo que paso, Ray. De ahora en adelante, si no te doy permiso para hablar, no hablarás. 
 
RAYMOND

(apesadumbrado)

Está bien, abuelo. Y papá, ¿cómo era? 
 
JEREMIAH

Parece que tienes cerilla en los oídos; tu papá era un pobretón, un muerto de hambre, ¿para qué quieres saber esas cosas? Sólo recuerdo su mirada; fría, como si nunca terminara, sin parpadear; él te abandonó cuando tenías cinco años, un hombre de verdad jamás haría algo así. 
 
RAYMOND
¿Y era alto? 
 
JEREMIAH

¡Basta!… Yo tenía arreglado el matrimonio de tu madre con uno de los fundadores de los hoteles Hilton, y ella lo echó todo a perder para irse con ese vago. 
 
 
RAYMOND

¡Qué bueno que no te hizo caso, abuelo! 
 
 
JEREMIAH

(confundido por el alegato de Ray) 
¿A qué te refieres? 
 
RAYMOND

Pues de haberte hecho caso yo no estaría aquí y no podría molestarte. 
 
JEREMIAH

Ja, ja, ja, ja, ja. Esa inteligencia la heredaste de tu abuelo. Tu padre era muy tonto para haberte heredado ese ingenio… 
 
RAYMOND

Oye abuelo, ¿y si mi papá me dejó para conseguir trabajo o hacer algo más importante para toda la familia? 
 
JEREMIAH

¡Claro! Y en siete años no ha regresado, ¡vaya trabajo se habrá pillado!… De buscador de tesoros, hijo. ¿Te conté cuando vi a un oficial nazi con el uniforme cobrizo con un cráneo plateado y huesos cruzados?; esos hijos de puta veneraban a la muerte, eran tan ridículos y triviales como los mexicanos y sus tradiciones, aunque a tu abuela la conocí en una playa del Pacífico, llamada Zihuatanejo. Sabes que los mexicanos dicen que el Pacífico no tiene memoria, así que puedes empezar de cero. 
 
RAYMOND

Pues deberían de mandar a todos los judíos ahí abuelo. Así olvidarían su pasado y dejarían de quejarse; ¡podrían ser felices! 
 
JEREMIAH

(denostando sarcasmo y rabia)

Seguro el bueno para nada de tu padre, también se fue a pescar allá, por eso se olvidó de ti. Ten cuidado con lo que hablas Ray, ofendes a tu sangre. 
 
RAYMOND

(soliloquio: mi sangre es reír) 
Él regresará abuelo. 
 
JEREMIAH

¡Basta! Siempre tienes una respuesta estúpida para todo, Ray. Pero debo admitir que eres muy ingenioso para tu edad. Deberías utilizar ese talento en algo provechoso. Ahora hay que hacer dinero. Mira, quiero elijas un caballo de esta lista; coge el que más te guste. 
 
Esta es la primera carrera, veamos si tienes suerte o no. 
 
1 El ingrato. 2 Satanás 3 Queen 4 Salta y explota. 5 Corre como el viento. 6 Helen. 7 Curly. 8 Larry. 9 Moe. 
 
 
JEREMIAH

Hoy quiero que me acompañes al hipódromo Ray, hay muchas carreras que pueden hacernos ganar mucho dinero. Necesitas aprender sobre el mundo real y sus implicaciones; te compraré mantecado, le diré a Lucy, que te prepare un par de emparedados de crema de cacahuate y un par de yogures; tu mamá dijo que te gustaba el de duraznos; mañana no tienes escuela, por ser día feriado, así que te caerá bien que refresques tu mente con algo de realidad pura y dura. De todas formas en la escuela no te enseñarán lo importante para vivir. 
 
RAYMOND
¿Y qué es lo importante abuelo? 
 
 
JEREMIAH

El arte de los negocios, la realeza del verbo persuasivo, y aprender a soltar las cosas que no son para ti. 
 
RAYMOND

No entiendo nada de eso, ¿te refieres a engañar a la gente para quitarles sus dinero? (mirando la lista) — «Corre como el viento», seguro gana, abuelo. ¿Por qué estos tienen nombres de mujeres? 
 
JEREMIAH

Para engañar se necesitan dos, y el dinero significa posibilidad, Ray. Es milagroso y mágico; hace un año compre una propiedad en 1,3 millones de dólares, hoy esa propiedad en el mercado vale 3.2 millones. ¿Acaso, eso no es posibilidad y magia, Ray? No te dejes engañar por tontos nombres de mujeres, utiliza tu intuición, y el sentido común, para elegir los pura sangre vencedores, Ray. 
 
RAYMOND
¿Pura sangre, son caballos verdad? 
 
JEREMIAH Así es. Voy a contarte una historia que puede ayudarte a elegir mejor. 
 
RAYMOND

(soliloquio) 
Ya va a comenzar… ¡Joder! 
 
JEREMIAH

Cuando tenía 22 años, me encantaba ir al hipódromo a apostar, saliendo del trabajo con los colegas. Un día, en las ventanillas del hipódromo, con mi listado de caballos seleccionado, tuve la arrogante idea de preguntarle a un desconocido que estaba delante mío. 
El tipo parecía muy confiado, bien vestido, y seguro de sí mismo; sostenía un café con una mano, acompañado de una rubia majestuosa de no más de 18 años que parecía lituana. Todos estaban asombrados de tal belleza, pero a mí no me importo eso, y le pedí su opinión:

JEREMIAH
 ¿Qué opina de estos caballos?

TIPO DE LA FILA

Malísimos; a la cola todos. Trate de elegir a los jockeys, no al caballo; mire los que parecen más adictos a las anfetaminas son los más necesitados por ganar; una buena forma de descubrir esto es ir a dar un vistazo a las caballerías antes de que empiecen las carreras, aunque ahora ya es tarde. Ese es el mejor método para apostar. A parte, a las mujeres les encanta hacer cosas físicas y diferentes cuando salen; gozan con los caballos, tomarse fotos con ellos, acariciarlos, mirarlos, disfrutar de su realeza y elegancia. Se lo recomiendo, mi estimado. 
 
JEREMIAH

Muchas gracias, aprecio sus sinceras palabras, lo tomaré en cuenta, no había pensado en eso, pero creo que tiene razón. Modificaré mi lista. 
 
 
RAYMOND
¿Y qué paso abuelo? 
 
JEREMIAH

¡Aghhh! El asno e ingenuo de tu abuelo, decidió cambiar todos sus caballos de la carrera por las indicaciones del guaperas con la jodida rubia; finalmente, los caballos que había elegido fueron los ganadores, en cada carrera. Hubiera preferido perder, con los caballos que elegí, que ganar con los decisiones de otra persona. Lo encuentro más honorable. 
 
RAYMOND
¡Mala suerte! 
 
JEREMIAH

No existe la mala suerte, Ray. ¿Sabes lo difícil que es ganar nueve carreras, eligiendo al caballo cabeza de grupo? Es casi imposible, Ray. Por eso, jamás dejes que nada afecte tu juicio, en tus elecciones. ¿Comprendes? 
 
RAYMOND
 Sí, abuelo.

JEREMIAH
¿Qué te acabo de decir? 
 
 
«Que no deje, que nada afecte mis decisiones y nuble mi juicio, porque nunca sabes si tienes la lista de los caballos ganadores en tus manos. Es mejor perder bajo tu elección, que vivir culpándote por una elección que ni siquiera tú tomaste.» 
 
 
JEREMIAH

Eres un chico brillante, Ray, solo necesito pulirte más. 
 
RAYMOND

Abuelo, ¿me comprarás mantecado de chocolate con menta en el hipódromo? 
 
JEREMIAH

Si tienes suerte con las corridas, y logras acertar mínimo un caballo de las nueve corridas, entonces te daré un pequeño porcentaje de las ganancias, para que vayas aprendiendo a administrar tu dinero, Ray. Con eso puedes comprar tu jodido mantecado.

RAYMOND

(alegre y confiado)

Ya verás cómo ganamos, abuelo. Dile a Lucy, que haga tripes los emparedados de crema de cacahuate con jalea de fresa, y con pan integral, pero no de ese de molde feo, que te gusta a ti y te rompe los dientes, sino del que no tiene orillas gruesas JEREMIAH ¿Sabes cuánto cuesta ese pan de molde? No tienes idea de nada. ¿Acaso la crema de cacahuate no se te pega en el paladar, y luego andas metiéndote servilletas en la boca para desatorarla? 
 
RAYMOND

Tengo una técnica nueva para que no me pase eso, abuelo. 
 
JEREMIAH

(soltando una carcajada que lo hace rejuvenecer veinte años)

¡Ja, ja, ja, ja! ¿Ah sí?, ¿y en qué consiste esa técnica misteriosa? 
 
RAYMOND

No te la puedo decir, por eso es secreta. 
 
JEREMIAH

Contigo es imposible aburrirse, pero ¿no te dará diarrea con eso hijo? No quiero que andes con los pantalones cagados en el hipódromo, es de mala suerte. Tenemos que estar concentrados y funcionar como un equipo. 
 
RAYMOND

(mirando de reojo) 
¿Qué cosas dices abuelo? 
 
JEREMIAH

Van a ir muchos socios del consorcio, entre ellos los hermanos Grimm, y debemos vencerlos. Recuerda que por nuestras venas corre la sangre de los triunfadores, que colonizaron esta nación. 
 
RAYMOND

Seguro los derrotaremos abuelo, voy a preparar mi traje de karate. Con lo que gane compraré muchas barras de chocolate, para venderlas al triple en el colegio.

9

La noche pintaba sensacional; entre brandy español; ron dominicano; damas de compañía ucranianas y viejos colegas apostadores de blackjack; póker; galgos y boxeo. Jeremiah se regocijaba con su camisa roja de seda italiana de solapas largas, presumiendo su última adquisición; un Rolex Daytona clásico que hacía resplandecer su frágiles y huesudas muñecas; agitadas con vehemencia y vigor en lo alto del reconfortante y cómodo palco; recordatorio de los césares romanos más despiadados de la historia; Tiberio, Nerón, Cayó y Calígula. El mundo sigue su propia linealidad, en el hipódromo, las personas fuman, beben, y se divierten mientras observan cautivadas a don Jeremiah, desde la parte baja, como si se tratase de un «Zar» ruso, o un emperador bañado en oro en alguna polis romana; mientras tanto, el «yo» egoico inferior de Jeremiah, toma el mando de sus acciones, transformando su comportamiento en un guiñol presumido y soberbio sujetado por las manos tiránicas del «ego». Raymond, observa fascinado, el comportamiento de su abuelo: 
 
 
RAYMOND

(soliloquio)

Este no es mi abuelo, quién o qué, lo está manejando. 
 
 
Raymond, juega con un par de muñecos articulados bélicos en forma de dinosaurio. Sus cachetes embarrados de chocolate Hershey; la crema de maní, batida en su cara y ropa demuestran la ineficacia de su misteriosa técnica del paladar; el caramelo rosado de jalea de fresa forma un arcoiris omniabarcante de ingenuidad y presencia sobre su boca; acompañando su buffet de golosinas con una vetusta canción francesa, que su profesora de idiomas le obligó a memorizar: «Dur dur detre bebe». Raymond, mira a los viejos fumadores de pipa y puro, con asombro; los hermanos Grimm, hablan de negocios y transacciones financieras monótonas y pesadas que hacen del lugar una fábrica de bostezos para el niño, rogando largarse del lugar lo antes posible; pero su abuelo, lo convence de quedarse con un par de ostias sutiles, y pellizcos en sus pequeños brazos, enrojecidos como piquetes de mosquito. Los cócteles, y gin tonics, parecen materializarse en el lujoso palco, detrás del agudo y rechinante sonido de una nariz gorda y gruesa siendo sonada y aplastada ante un pañuelo sucio de bolsillo color guinda, resguardando un árbol bacteriológico de alta jerarquía; los paneles cuadriculados de tela verde olivo en las paredes, los televisores aparatosos como cajas fuerte, los sillones rojo mortecino de piel sintética y las cafeteras resplandecientes de expresos son la conjunción perfecta que diseña la habitación. 
 
La buena energía, el jocoso convite, y el poder de los viejos adinerados del consorcio; «Golden Globe Independent» los convierte en los amos y señores del universo. 
 
 
HERMANO GRIMM 1

En este mundo, las cosas nunca son lo que deben ser. El hombre pobre, es pobre en la esencia de sus componentes; sus amistades son pobres, su educación es pobre, la música que escucha es pobre, la forma en que habla es pobre; sus mujeres son pobres, y en suma sus aspiraciones son pobres. La paradoja de la vida estriba en que el pobre, tiende a gozar de buena salud la mayor parte de la vida, mientras que el rico, es enfermizo, famélico y frágil.

HERMANO GRIMM 2

¡Vaya recuerdos! Nuestro padre solía decirnos eso cuando comenzamos a correr acciones. Él hablaba siempre de que los ricos tenemos el sistema inmune debilitado, a causa de la avaricia, que engendra enfermedad. 
 
HERMANO GRIMM 1

Nuestro padre, nos brindó un par de joyas de sabiduría para nuestra educación financiera, que nuestros hijos recibirán con asombro. — Por cierto, ¿tienes un programa de la jornada de hoy? Cuando estaba en las ventanillas apostando, olvide comprar uno, y el que tenía lo dejé en la guantera del Lincoln. 
 
HERMANO GRIMM 2

(mezquinamente)

No, pero ahora robamos uno, ya sabes que una de las reglas de nuestro padre, era no pagar por algo que puedes robar. 
 
 
JEREMIAH

(pasando un trapo húmedo sobre el saco, para limpiarlo de pelusa)

¿Quieres algo, Raymond ? 
 
RAYMOND

(señalando con el índice) 
Abuelo, ¿para qué es eso? 
 
JEREMIAH
Es una franela, para quitar la pelusa. 
 
RAYMOND
¡No, abuelo! ¡Esa máquina! 
 
JEREMIAH
Es una máquina de expresos, Ray. 
 
RAYMOND
¿A qué sabe eso, abuelo? Quiero uno. 
 
JEREMIAH

Es un café muy fuerte, hijo. Se sirve en una diminuta taza, pero tú no puedes beber eso. Eres muy pequeño aún. 
 
RAYMOND

Si mamá siempre me daba café, abuelo. Dice que los jugos y las gaseosas, en especial la Coca-Cola, es veneno de gordos diabéticos. 
 
 
JEREMIAH

Y no mintió, pero tu madre no sabe cómo educar a un niño; sin embargo, supongo que una taza de café con leche no te matará. Pediré que te preparen uno. — Ya van a comenzar las carreras, en menos de 10 minutos, saca los prismáticos del estuche, Ray. ¿No estás emocionado? 
 
RAYMOND

¡Yuju! Ya era hora, abuelo. ¿Puedo prender el televisor, para ver el hombre biónico? 
 
JEREMIAH
Ese televisor es para ver las carreras, hijo. Es la nueva tecnología del hipódromo de circuito cerrado. 
 
RAYMOND

Abuelo, ¿qué harás con el dinero que ganemos? 
 
JEREMIAH

Estás muy confiado, Ray. A ver, si aún tienes ese ángel guardián que tenías cuando eras bebé. Le trajiste mucha suerte a tu madre cuando naciste. — Y no compraría nada, Ray. La única función del dinero, no es otra que hacer más dinero, los tontos derrochan fortunas comprando bobadas, para llenar vacíos, no aburrirse y ser amados falsamente por otros. 
 
RAYMOND

¡Ay, abuelo! No tienes confianza, ni en tu sombra avariciosa. Si ganamos deberíamos comprar un enorme lagarto, para tenerlo en la piscina. 
 
 
JEREMIAH

Estás loco, no duraríamos ni dos minutos antes de acabar en su estómago. Tengo confianza, pero el azar favorece únicamente a una mente preparada; sobre todo, cuando conoces detalles para sacar ventaja que otros desconocen. 
(bajando la voz, y murmurando en la oreja de Ray)

Voy a contarte un secreto; hoy, un jockey que es mí soplón principal en el circuito de carreras, me ha soplado el caballo ganador. 
 
RAYMOND
 ¿Qué es un jockey? 
 
 
JEREMIAH

¡Dios santo!, este niño sólo conoce al ratón Mickey, y el hombre biónico. En la escuela, no les enseñan nada que valga la pena. ¿Y este es el futuro de la sociedad? — Estamos perdidos, tendré que educarlo y moldearlo con mi esquema de valores.

10

JEREMIAH

¿Qué tal Braulio, me tienes noticias? En la noche iré al hipódromo con mi nieto, he recibido tu mensaje y vine lo antes posible. Mi chofer está enfermo del estómago, así que tuve que manejar. Es tarde, pero ¿qué me tienes? 
 
EL JOCKEY BRAULIO
¿Qué hora es? 
 
JEREMIAH
6:00 p.m. 
 
EL JOCKEY BRAULIO

Esta noche en la décima carrera, el caballo número 8 (Hammond), va a venir por detrás de todos, y ganará la carrera. Está 10 a 1, en las apuestas, lo he estado entrenando muy duro y nadie tiene su resistencia. Este caballo es oro molido. Un seguro ganador, don Jeremiah.

JEREMIAH

(mirando su Rolex Daytona)

Dime algo, Braulio, si tuvieras unos cuantos miles para apostar, ¿cuánto le apostarías al número 8? 
 
EL JOCKEY BRAULIO

(mirando el Rolex de Jeremiah, de reojo y hundiéndose en sus pensamiento) Apostaría todo, y sin dudarlo. 
 
JEREMIAH

(entregando una bolsa repleta de pastillas multicolores)

Gracias, Braulio, esperemos que tu vaticinio sea certero, toma, aquí tienes tu paga. 
 
EL JOCKEY BRAULIO

Le agradezco don Jeremiah, es un placer hacer negocios con usted. 
 
JEREMIAH

Gracias. Pero, deberías de dejar eso, te lo digo porque te aprecio, Braulio. ¿Cuánto tiempo tiene que nos conocemos?; ¿recuerdas aquella ocasión cuando le jodimos la pierna al caballo irlandés con el bastón, y ganamos la apuesta?, hermosos tiempos… 
 
EL JOCKEY BRAULIO

Ja, ja, ja. Sí, resultó a la perfección don Jeremiah. La gente no tiene idea de lo que es lidiar con los entrenamientos de un jockey; las caídas; el golpeteo constante y sonoro sobre las articulaciones; la espina dorsal y el cuello. Tengo un par de huesos astillados, y fisurados, pero no puedo parar de trabajar don Jeremiah. Estos fármacos, son lo único que calma dolencias, nocturnas; si usted supiera lo que es irse a la cama cada noche, con las costillas, las rodillas y el cuello como un cimbrón resentido, no me cuestionaría. Sabe que el metabolismo de un jockey, baja después de los 23 años y no podemos rebasar los 40 kg, o estamos jodidos para manipular el caballo; la metanfetamina es lo único que controla mi apetito nocturno y los atracones de azúcar y ansiedad. El stress de los bancos, los préstamos hipotecarios y los hijos me tienen jodido. 
 
JEREMIAH

¡Cálmate, hijo! Déjame ver que puedo hacer con tus préstamos bancarios, tengo un amigo influyente en el tesoro nacional y el banco mundial que mueve los hilos en la mayoría de los bancos; jugábamos póker, en la fraternidad, y apostábamos en el boxeo. Tiene una deuda pendiente conmigo. 
 
EL JOCKEY BRAULIO

Se lo agradecería. Mis hijos son el regalo más preciado e importante don Jeremiah, y no se hacer otra cosa más que cabalgar, pero los dueños de las caballerías nos mantienen hundidos en la inmundicia; estamos peleando el seguro de gastos médicos mayores, pero esto va para largo. El sindicato, aún es muy débil para hacerle frente a esos bastardos; pero el síncope que sufrió el jockey austriaco, hace un mes accidentándose, nos hizo unirnos más como grupo, ya veremos qué pasa, mientras tanto, los tratos con usted me mantienen a flote. Realmente, no sé hacer otra cosa, más que correr caballos. Es mi terapia y mi meditación: 
 
«Una vez que entro a la jaula con mi caballo, operamos como una unidad elucidatoria y correctiva de la verdad; donde la potencia, la velocidad y la concentración son totales; el juez y el verdugo. A veces llueve y el terreno es medroso, fangoso y peligroso; pero cuando miro las venas musculadas erguirse desde las piernas hasta el lomo y el cuello rígido cargado de adrenalina mi vehículo ecuestre, me confiere seguridad para morir ahí mismo; de su boca emana vapor incandescente , cálido como lava fundida en roca volcánica; de su mirada emanan centellas, que bailan hipnóticamente con chamanes curanderos bajo hongos; de su pelaje la voluntad refleja la luz de dios alejando la oscuridad. Es magia pura; una experiencia mística no ordinaria de la realidad.» 
 
JEREMIAH

¡Santo dios! Por eso te admiro, Braulio, representas una forma de justicia poética por lo que haces y por cómo lo vives. Tienes pasión por educarte y ser mejor persona de lo que eres. Por cierto, has avanzado con los libros que te preste de; Oscar Wilde, David Thoreau, y Emerson, grandes entre los grandes. 
 
EL JOCKEY BRAULIO

Estoy atrapado con «El retrato de Dorian Grey» ; mejorando rápidamente mi retentiva y concentración, don Jeremiah. Al principio, me costaba pasar de una hoja a la otra, comprendiendo lo que el autor quería decirme, pero conforme mi atención mejoró, me resultó más fácil entender la narrativa y la historia. También he notado que mi vocabulario y acervo cultural han crecido. Así como mi dicción en las palabras, mi fluidez y elocuencia. 
 
JEREMIAH

Sé que tú, no eres como los otros jockeys… perezosos, hundidos en el whisky, la prostitución y las apuestas. Eres parecido a un pura sangre inglés, Braulio, eso me da mucho gusto, hijo. Me tengo que ir, pero ya tengo la lista de caballos que me has dado, a parte de la «pepita de oro» en la décima carrera, con el caballo maravilla. Voy a ponerle todo a ese caballo. 
 
EL JOCKEY BRAULIO

No se arrepentirá, don Jeremiah.


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¿Cómo un chico de 27 años que trabaja de vendedor en una tienda de ropa puede llegar a convertirse en su «mejor versión»?

LA MINA O (HAY LEYES QUE NO SON LAS LEYES DE LA LÓGICA) CAP. 3