(Parte I] La mina o «hay leyes que no son las leyes de la lógica»

La humanidad se encuentra en un callejón sin salida con los problemas sociales más básicos sin resolver: la miseria; el crimen; la farmacodependencia para el dolor; la obesidad infantil; los trastornos emocionales y psiquiátricos; las guerras por intereses económicos; la depresión; entre otros. Conflictos duraderos e imperantes de miles de años de antigüedad; solo en los últimos doscientos años la documentación biográfica del mundo ha sido; dos guerras mundiales; un par de revoluciones; la gran depresión; grandes epidemias; la conquista de América; el crecimiento desmesurado de la población y el incremento del conflicto religioso del medio oriente con implicaciones destructivas en todo el mundo. ¿Acaso Raymond simpatizaba con el filósofo Heidegger en sus últimos años como nazi y con la tergiversación de la filosofía volitiva nietzscheana del «übermensch» y la raza perfecta? Raymond alentaba a las personas a pensar por ellos mismos y no a ser pensados. En sus propias palabras: «Un individuo que no sabe en qué momento está viviendo; donde la sociedad gasta más dinero en maquillaje; rines de auto; batidos de proteína; viajes y alcohol, que en libros y educación, está destinado a la miseria». Tiene una enorme sonrisa tatuada en la cara que ilumina todos los lugares a donde entra como un pequeño sol artificial; saluda de forma mágica y cordial, con las manos firmes y un gesto facial divertido y sarcástico que subcomunica: «La vida no vale nada, pero es hermosa». Su actitud es el diamante que todos quieren poseer; su cultura la mejor educación que puedas recibir y su alegría la mejor gasolina para vivir. Raymond comprende que: «Él es un causante de todo lo que pasa en el mundo y no un efecto del mismo». Raymond entra a una tienda de trajes lujosos. ¿Cuál es la intención detrás de sus actos?

 

(Parte II] La mina o «hay leyes que no son las leyes de la lógica»

Suzane consigue salir del estado alucinatorio y delirante en el que se encontraba. En aquellas crisis postraumáticas, antes de implorar perdón, inmersa en su habitación, era común encontrarse en su buró rojizo al ras del piso, un par de libros fundamentales: «El mundo como voluntad y representación», del filósofo pesimista Arthur Schopenhauer, y «Así habló Zaratustra», de Friedrich Nietzsche. De esta forma, Suzane sobrellevó sus miedos internos, encontrando salvación, en dos fulgurantes almas gemelas. Ante sus ganas de saltar al vacío, se empoderaba con las enseñanzas del superhombre nietzscheano; alboreando la conquista por las mañanas se podía sentir a Suzane, mitad genio y mitad santo, auto afirmándose: «Soy dinamita». Cuando la tristeza se apoderaba de ella, en las oscuras noches del alma, recurría al pesimismo lógico y reconfortante de Schopenhauer, quien argumentaba que las almas más elevadas sufren más que los hombres vulgares; el ascetismo y el arte, los bálsamos para el espíritu; las melodías avasalladoras de Dvorak, Wagner, y Beethoven, sustituían el viejo romanticismo pasivo de Chopin y Schubert. De esta forma Suzane, vivía cada día. Los acontecimientos del tren, destaparon la cloaca mental de mierda de Suzane, quien deambuló por los pabellones emocionales más tenebrosos que la mente humana puede recrear; lo hizo completamente sola, con total convicción de su poder, y afán de resiliencia, antes de su redención. Por otro lado, Jimmy se vuelve a encontrar con Mr. Raymond, quien le encomienda al flaco vendedor su primer, y único, ejercicio para liberarse del apego que siente por Suzane.