Tautología del hombre contemporáneo

 

¡Hola! Ya sé que estás pensando que trato de confundirte con el título de este artículo y la verdad es que no te equivocarías. Si te agito lo suficiente, y te perturbo un poco más, puedes despertar, puesto que si no despiertas estarás en una cama, hecho mierda, moribundo y desolado, exclamando tus últimas palabras, y créeme esta semántica, aunque pobre en relieve, es rica y sacra en profundidad.

Creo que entre un 80-85% de los seres humanos que habitan esta sociedad a nivel mundial, no tienen la capacidad de comprender ciertos planteamientos sobre su emancipación del mapa colectivo y su libertad mental. Muchos menos, discernir La Verdad de La Falsedad. Por lo tanto, es “imposible”, para ellos, romper las cadenas y ataduras de los mecanismos de distracción, control mental, y domesticación social que se han construido para su alienación.

El alienamiento y sujetamiento de los individuos hechos robots biológicos, o masa mórbida, se basa en un principio medular básico e inherente a todo sistema social que promueva el control: la programación mental debe comenzar con el niño desde los 3 a los 14 años, y después reforzar un sistema de valores en el adulto-infante desde los 15 hasta los 70 años, un sistema basado en ciertas leyes morales de lo que es “bueno y malo” para él, y, por lo tanto, para todos en el sistema social. Recuerda que para el “ente” promedio, que vive entregado a las cosas, saber si una cosa es “buena” o “mala” se consigue calculando cuánto cuesta y cuánto rinde. Toda otra consideración moral es una patraña de ciegos.  Finalmente, las creencias son implantadas poderosamente, y puesto que nadie quiere saber La Verdad, el sujeto cohesionado, ahora desde la mentira, implora un instante que le haga olvidar su insoportable realidad. Posteriormente, el adulto-infante, compra un par de creencias putrescibles y limitantes basadas en la mentira y el subordinamiento a un empleador-capataz, con lo que su cuerpo y su mente son condenados a la tortura de 8-12 horas de trabajo en alguna institución corrupta, pública o privada, donde fingirá que trabaja. Este edificio de concreto sin corazón, ni sensibilidad, es manejado por el sistema político, casi siempre tripartidista o bi-partidista, funcionando de forma subyacente, a sus fines. Así que no sean sentimentales cuando digan: solidaridad, equidad, justicia, democracia participativa, igualdad, pues son sólo antonimias de globalización, crecimiento exponencial, cohesión social, imperialismo, y más miseria en el mundo.

El alienado también puede optar por otras alternativas de menos “status”, si no tiene la educación académica, o las influencias sociales para estar en una institución, por ejemplo: alguna fábrica de zapatos, o de ropa, de metalurgia, de carrocerías, etc. Donde pueda ser pulverizado físicamente aún más: espalda y caderas rotas, cara de angustia, manos callosas y rugosas por ácidos industriales, ropa aceitada que dura para siempre, cabello seboso y desalineado, ojos amarillos biliosos, y sueños efímeros de sacarse la lotería o los pronósticos deportivos de forma mágica. Mientras que el noticiero de las 4 p.m. quiere convencerte de que la solución a la crisis pasa por la puesta en cuestión de los derechos sociales, o la mejor elección de candidatos.

La comida es la mejor parte, casi siempre carente de proteínas, con un 80% de carbohidratos refinados con etiquetado glamuroso y bebidas refrescantes atractivas en frascos tridimensionales de cine futurista. El postre: Un pastel de nuez o polvorón con vitaminas artificiales con imágenes de “Batman vs. Superman” en el envoltorio. Nuestro “buen chico” se dice a sí mismo: “debo ir a mirar esa película”. Para bajar bocado, una Coca-Cola con cafeína y guaraná que promete inmortalidad con energía eterna, todo de la máquina de golosinas del rincón antes del cierre de la jornada laboral. El sistema publicitario mercantil comprende que para vender un producto, nunca debes vender un producto, sino ascenso social, nacionalismo, confianza, virilidad, y buena consciencia. Todo está manipulado, manoseado, maquillado y re empaquetado hasta más no poder. Y tú, ¿te crees libre aún?

La libertad absoluta no existe, a menos que alcances niveles elevados de consciencia en el mapa del universo. Así que acostúmbrate a los límites naturales y sociales. Obviamente el estado de derecho y la democracia participativa son una oración a la que el empleador-feligrés puede encomendarse siempre que se vea apurado, o aparezcan disonancias cognitivas en su psique. Él se cuestionará sobre sí mismo si ese camino es la mejor vía. Pero al mirar al resto del ganado entrar al corral, agitando sus cencerros una vez más, o llegar a casa para mirar las noticias en modo interpretativo con enfoques engañosos de la realidad, su vida no será tan lúgubre y apesadumbrada. Así que esa duda y cuestionamiento de su mandato interno terminará cediendo y doblegándose a la reproducción social del hábito impuesto por la sobrevivencia, pues el ciudadano común y corriente requiere que se le moldee la mente, eduque al gusto, dicte las ideas. El fin último de toda buena programación. A estas alturas, el empleador ha llegado a su pequeña ratonera, puede ponerse en modo casquivano, mientras mira a su linda familia, a su esposa embarazada y contempla el partido del “clásico del fútbol” en su televisor de plasma que aún debe pagarlo mediante crédito puesto que una manera sencilla de motivar la compra consiste en convencer al comprador de que gastando más en plazos determinados ahorrará más.

Ahora, nuestro “buen chico” puede devorar un plato de sopa instantánea o casera, y algún bocata de pan o guisado casero, pues es merecedor de ese premio y nadie puede cuestionarlo, por una ardua jornada laboral su existencia está justificada y concretada mientras su esposa le cuenta de la vecina y del chisme del momento de la estrella pop-rock plástica que dice ser feliz y escribir un libro de poesía. Mientras tanto, García Lorca, se ríe jocosamente en el interior de su tumba.  

¿Cómo coopera el chico bueno con esta ilusión?

Desde una perspectiva materialista, el sistema económico imperante te dice que el pobre es pobre porque quiere, así que el miserable es miserable porque sencillamente no toma acción y no trabaja lo suficiente, pero ellos saben que el mejor negocio es venderles a los pobres, haciéndoles creer que comprar los hará ricos, y si ellos quieren engaño y mentira, pues que vengan a este blog, a beber un poco de mis palabras. El “Stablismente”, te mantiene hambriento, pero te da de comer siempre, te sume en depresión y en angustia, pero te da entretenimiento circense y psicofármacos, te deja aislado del mundo por no ser un “tipo ideal” o modelo de Instagram, pero te da telefonía celular, whatsapp, Facebook, y twitter, para que te sientas acompañado siempre, te da basura de comer, pero te la pone en grandes bolsas metálicas para que no sientas la carencia en tu mesa, te da un trabajo horrendo y mal pagado, pero te vende en los noticieros a gente aún más miserable y malaventurada para que no te sientas tan infeliz y abraces tu realidad, pues ellos te han hecho creer que esa debe ser tu realidad. Yo digo: rompe esa burbuja social con el poder de la verdad y el coraje del corazón.

En suma, el “stablishment” te da capital para comprar productos cuya calidad sea establecido medianta la imposición de la fama de cierta marca. Los individuos que dicen revelarse lo hacen simbólicamente comprando las camisetas del Che Guevara, los Six Pistols, o Los Ramones. Ellos quieren la bandera Maoista para alardear de su libertad, ellos quieren la peluca y la barba de Marx, o los sacos de Lenin, pero no están dispuestos a hacer la revolución, o escribir como Gramsci en la prisión.

Vestir, tener una vivienda del tamaño de una ratonera y entretenerte con mierda Youtubera Cutre, al mismo tiempo que te educa para que trabajes toda la vida hasta que mueras dándote un disparo en el pie, mientras miras a tu familia tipo “The flinstones”, con artículos tecnológicos tipo “The Jetsons”, y digas, lo intenté… con dos cojones. Pero regresemos con nuestro buen chico, ¿qué hizo para llegar hasta aquí?

La famosa ilusión de la que los gurús más elevados siempre han hablado es precisamente ese cúmulo de cosas vacuas que han metido en su mente, y el ha dejado que así fuera. Nuestro chico nunca puso resistencia, y ahora se contenta con la construcción de su “autoimagen” que el empleado asumió desde pequeño. Ahora su resiliencia es poderosa, pero no por su espíritu heroico, sino por el hambre y el miedo de no saber qué le pasará si no paga sus impuestos, o sus medicinas cada mes. Él coqueataba con la fascinación del “glamour” de lo que representaba ser una persona de “bien” en su mente. A lo sumo un ser acaudalado en esta sociedad. Su idea de base se centraba en un “deber” y en un “deseo” que cree que lo liberará de su angustia y pesadez, pero lo único que tiene es cansancio físico y aspirinas para el dolor. Su debilitamiento físico, mental y espiritual comienza a mermarlo, los cables y los chips de programación están injertados tan hondo que su subconsciente no lo deja ni dormir, él cree que su destino está concretado, pero él aún no ha elegido nada, pues, paradójicamente, no tiene nada que elegir.

¿Por qué la gente se deja maniatar por esto? ¿Es acaso la necesidad de sobrevivencia? ¿Acaso es el miedo? ¿Acaso es el temor a no romper el “confort”? ¿Qué mierda debo hacer?

 

 

¿Qué es la meditación?

 

Es la base del desarrollo personal; existen miles de «técnicas sencillas y agradables» para ello y, a diferencia de aquello que la vasta cantidad de personas hacemos, comenzar a meditar implica empezar a agradecer por estar aquí. Así que, ¿qué es la meditación? Agradecer por respirar. Agradecer por tener sangre corriendo a chorros por nuestras venas. Agradecer por saber que el amor es un estado conciencia que tiene sus raíces en el alma de la persona. Agradecer por saber que a partir de ahí es desde dónde emerge nuestro amor dando así frutos a las personas que nos rodean, nutriéndolas de cariño, aprecio, compresión y compasión.

Durante los días de la semana, según la persona civil que atiende a la narrativa socioeconómica actual, cuesta más encontrar esa motivación intrínseca de la que habla el autor Daniel H. Pink en su libro titulado «La sorprendente verdad sobre qué nos motiva», pero más  allá, en el trasfondo de la psique del buscador de la verdad reside aquel «no-impulso» espiritual que le motiva a estar aquí, ahora, leyendo las palabras de un asesor que procura formular un argumento lo suficientemente lógico como para acallar al escéptico que todo ser humano lleva instalado como mecanismo de defensa; el lector, tú, si es precavido y recatado en su lectura pronto se encontrará a sí mismo realizando un sutil sadhana, intentando satisfacer la necesidad del ego espiritual que busca desmantelarse a sí mismo para encontrar dentro de sí un «übermensch» nietzscheano.

La meditación, más allá de verse reducida a una simple reflexión, consiste en sentarse y observar los pensamientos, regresando, así, al hogar, a la casa, a una casa la cual ni los rayos podrán azotar partiéndola en dos, ni la lluvia de pensamientos e insultos que proyecta el mundo externo será capaz de arrancar de su estructura la ecuanimidad y quietud que la caracterizan. Gracias al conocer de este nuevo hogar sabremos siempre dónde guarecernos, porque los encantos que este mundo nos ofrece no sólo nos atrapan invitándonos a experimentar lo más exquisito del mundo perceptible y sensorial, sino que también, a su vez, nos atrapan sus desgracias y aflicciones

Y es justamente en estas situaciones en las que reconocer aquel hogar vuelve a otorgarnos el júbilo y la sensación de significado cuando ese hogar nos recuerda la presencia inesperada de un huésped divino al tocar éste nuestra puerta y recordarnos: esto es lo que siempre has sido, pero lo has olvidado.

Cuando el observador se vuelve lo observado entonces la comprensión misma y la sabiduría más pura encarna lo que nosotros reconocemos como «yo». La razón y la lógica tienen su propósito, su utilidad, pero dentro de nuestra cálida casa no son sino tan solo herramientas de usar y tirar para el huésped divino.

La meditación o, en otras palabras, el volver a ser «humano», nos facilita el acceso a la desmantelación de nuestros modelos mentales, esto es, los símbolos internos o representaciones de la realidad externa. El filósofo y psicólogo Kenneth Craik cuenta que nosotros, los seres humanos, usamos estamos patrones mentales para anticipar eventos. De esta forma, «pick-up» o «ligar» funciona como un anzuelo que sirve para alimentar al ego aún atrapado en el modelo mental de «necesito hacer algo para conseguir sexo». La verdad molesta pero si te mueves con ella tu campo de energía mejorará tu salud y conciencia. La fuerza es limitada; debilita, no incluye y divide. El poder es omnipotente; incluye, integra, no cambia y unifica. A los ojos de la verdad todos somos iguales. Esto no quiere decir, por supuesto, que no existan diferencias fundamentales entre las personas. La diversidad y la diferenciación es rica en esencia. Desde el punto de vista evolutivo es, precisamente, la diferenciación la que ha permitido el desarrollo de la vida. Una célula alguna vez insignificante ha podido construir un ser humano compuesto ya no sólo por una sino por millones de células gracias al poder de la diferenciación. Por supuesto, el sistema del cuerpo humano, a diferencia del sistema que gobierna a los seres humanos, no es un sistema que explota sus necesidades naturales. Todo en el ser humano funciona con eficiencia. Y de no ser el caso, la célula, llamémosla, «esquizoide» genera cáncer. Llamaremos a la diferenciación natural, en el sentido anteriormente nombrado, «diferenciación benigna». La diferenciación, por tanto, -contiuamos teniendo en cuenta lo anteriormente explicado- no significa que debamos pertenecer a una clase relegada a la esclavitud «mono-mental» y aplastada por la carencia de diversidad identitaria como bien nos muestra el director alemán Fritz Lang en su película de 1927 titulada "Metropolis". Lo que sí signifca es que dejemos de perseguir la insaciable búsqueda de diferenciación cuyas raíces, son no la pacífica búsqueda del bienestar social a través del aporte multidisciplinar de inteligencia y talento al mundo sino que, por el contrario, anda a la caza perpetua de una nueva ocasión o, mejor, oferta, para sentirse superior al otro. Llamaremos a esta: «diferenciación mailgna» El ego, en este sentido, busca la «diferenciación maligna» y los especialismos producto del sistema capitalista y sus técnicas de marketing, una de las cuáles es conocida como «branding»: yo soy del Real Madrid, yo soy del Barcelona. Y, de igual forma: yo soy de «Tósltoi», yo soy de «Dostoievsky». Cabe hacer un inciso aquí y aclarar que no se pretende juzgar las preferencias naturales de las personas. Lo que sí es de recalcar es la identificación de los sujetos con estas «ideas» u «ídolos» que no son más que proyecciones de la necesidad del mismísmo ego por sentirse inferior a alguien más. Haciendo que, en este proceso, la persona que se identifica con estas «metáforas» del carácter humano, se sienta impotente ante las habilidades aparentemente divinas de sus ídolos. Habilidades que parecen inalcanzables, al menos en apariencia. 

El camino espiritual empieza por emprender una vida bajo tus términos, esto es, siendo leal y honesto contigo mismo. Recuperando tu poder personal mediante la desidentificación con todo lo que sea externo a ti.

Tienes que ser consciente de que tienes una mente, pero que tú no eres esos pensamientos.  Mientras más fuerza pretendas ejercer con esa voluntad schopenhaueriana, más hablará la mente, más razones te dará de lo contrario. Esto viene del dolor, de la culpa. Cuando el ser se da cuenta del engaño se detiene, se frena y empieza «a actuar», aunque más propiamente, «a ser». Este es el proceso de disolución. El dolor, las emociones y los sentimientos serán tan reales como tú creas que sean. Es ahí, en ese punto en el que la verdad empezará a mostrarse evidente ante tu visión. La meditación es la aclaración, la purificación de la cloaca que en este momento defines como «mente».  Si quieres fluir en las interacciones, si quieres dejar de hacerle caso a pensamientos reiterativos: empieza a meditar