¿Qué es la meditación? [GUÍA COMPRENSIVA]

Es la base del desarrollo personal; existen miles de «técnicas sencillas y agradables» para ello y, a diferencia de aquello que la vasta cantidad de personas hacemos, comenzar a meditar implica empezar a agradecer por estar aquí. Así que, ¿qué es la meditación? Agradecer por respirar. Agradecer por tener sangre corriendo a chorros por nuestras venas. Agradecer por saber que el amor es un estado conciencia que tiene sus raíces en el alma de la persona. Agradecer por saber que a partir de ahí es desde dónde emerge nuestro amor dando así frutos a las personas que nos rodean, nutriéndolas de cariño, aprecio, compresión y compasión.

Durante los días de la semana, según la persona civil que atiende a la narrativa socioeconómica actual, cuesta más encontrar esa motivación intrínseca de la que habla el autor Daniel H. Pink en su libro titulado «La sorprendente verdad sobre qué nos motiva», pero más  allá, en el trasfondo de la psique del buscador de la verdad reside aquel «no-impulso» espiritual que le motiva a estar aquí, ahora, leyendo las palabras de un asesor que procura formular un argumento lo suficientemente lógico como para acallar al escéptico que todo ser humano lleva instalado como mecanismo de defensa; el lector, tú, si es precavido y recatado en su lectura pronto se encontrará a sí mismo realizando un sutil sadhana, intentando satisfacer la necesidad del ego espiritual que busca desmantelarse a sí mismo para encontrar dentro de sí un «übermensch» nietzscheano.

La meditación, más allá de verse reducida a una simple reflexión, consiste en sentarse y observar los pensamientos, regresando, así, al hogar, a la casa, a una casa la cual ni los rayos podrán azotar partiéndola en dos, ni la lluvia de pensamientos e insultos que proyecta el mundo externo será capaz de arrancar de su estructura la ecuanimidad y quietud que la caracterizan. Gracias al conocer de este nuevo hogar sabremos siempre dónde guarecernos, porque los encantos que este mundo nos ofrece no sólo nos atrapan invitándonos a experimentar lo más exquisito del mundo perceptible y sensorial, sino que también, a su vez, nos atrapan sus desgracias y aflicciones

Y es justamente en estas situaciones en las que reconocer aquel hogar vuelve a otorgarnos el júbilo y la sensación de significado cuando ese hogar nos recuerda la presencia inesperada de un huésped divino al tocar éste nuestra puerta y recordarnos: esto es lo que siempre has sido, pero lo has olvidado.

Cuando el observador se vuelve lo observado entonces la comprensión misma y la sabiduría más pura encarna lo que nosotros reconocemos como «yo». La razón y la lógica tienen su propósito, su utilidad, pero dentro de nuestra cálida casa no son sino tan solo herramientas de usar y tirar para el huésped divino.

La meditación o, en otras palabras, el volver a ser «humano», nos facilita el acceso a la desmantelación de nuestros modelos mentales, esto es, los símbolos internos o representaciones de la realidad externa. El filósofo y psicólogo Kenneth Craik cuenta que nosotros, los seres humanos, usamos estamos patrones mentales para anticipar eventos. De esta forma, «pick-up» o «ligar» funciona como un anzuelo que sirve para alimentar al ego aún atrapado en el modelo mental de «necesito hacer algo para conseguir sexo». La verdad molesta pero si te mueves con ella tu campo de energía mejorará tu salud y conciencia. La fuerza es limitada; debilita, no incluye y divide. El poder es omnipotente; incluye, integra, no cambia y unifica. A los ojos de la verdad todos somos iguales. Esto no quiere decir, por supuesto, que no existan diferencias fundamentales entre las personas. La diversidad y la diferenciación es rica en esencia. Desde el punto de vista evolutivo es, precisamente, la diferenciación la que ha permitido el desarrollo de la vida. Una célula alguna vez insignificante ha podido construir un ser humano compuesto ya no sólo por una sino por millones de células gracias al poder de la diferenciación. Por supuesto, el sistema del cuerpo humano, a diferencia del sistema que gobierna a los seres humanos, no es un sistema que explota sus necesidades naturales. Todo en el ser humano funciona con eficiencia. Y de no ser el caso, la célula, llamémosla, «esquizoide» genera cáncer. Llamaremos a la diferenciación natural, en el sentido anteriormente nombrado, «diferenciación benigna». La diferenciación, por tanto, -contiuamos teniendo en cuenta lo anteriormente explicado- no significa que debamos pertenecer a una clase relegada a la esclavitud «mono-mental» y aplastada por la carencia de diversidad identitaria como bien nos muestra el director alemán Fritz Lang en su película de 1927 titulada "Metropolis". Lo que sí signifca es que dejemos de perseguir la insaciable búsqueda de diferenciación cuyas raíces, son no la pacífica búsqueda del bienestar social a través del aporte multidisciplinar de inteligencia y talento al mundo sino que, por el contrario, anda a la caza perpetua de una nueva ocasión o, mejor, oferta, para sentirse superior al otro. Llamaremos a esta: «diferenciación mailgna» El ego, en este sentido, busca la «diferenciación maligna» y los especialismos producto del sistema capitalista y sus técnicas de marketing, una de las cuáles es conocida como «branding»: yo soy del Real Madrid, yo soy del Barcelona. Y, de igual forma: yo soy de «Tósltoi», yo soy de «Dostoievsky». Cabe hacer un inciso aquí y aclarar que no se pretende juzgar las preferencias naturales de las personas. Lo que sí es de recalcar es la identificación de los sujetos con estas «ideas» u «ídolos» que no son más que proyecciones de la necesidad del mismísmo ego por sentirse inferior a alguien más. Haciendo que, en este proceso, la persona que se identifica con estas «metáforas» del carácter humano, se sienta impotente ante las habilidades aparentemente divinas de sus ídolos. Habilidades que parecen inalcanzables, al menos en apariencia. 

El camino espiritual empieza por emprender una vida bajo tus términos, esto es, siendo leal y honesto contigo mismo. Recuperando tu poder personal mediante la desidentificación con todo lo que sea externo a ti.

Tienes que ser consciente de que tienes una mente, pero que tú no eres esos pensamientos.  Mientras más fuerza pretendas ejercer con esa voluntad schopenhaueriana, más hablará la mente, más razones te dará de lo contrario. Esto viene del dolor, de la culpa. Cuando el ser se da cuenta del engaño se detiene, se frena y empieza «a actuar», aunque más propiamente, «a ser». Este es el proceso de disolución. El dolor, las emociones y los sentimientos serán tan reales como tú creas que sean. Es ahí, en ese punto en el que la verdad empezará a mostrarse evidente ante tu visión. La meditación es la aclaración, la purificación de la cloaca que en este momento defines como «mente».  Si quieres fluir en las interacciones, si quieres dejar de hacerle caso a pensamientos reiterativos: empieza a meditar